¿Miedo o precaución? La delegación de EE. UU. tiró a la basura todos los regalos chinos antes de subir al Air Force One

hace 11 horas

¿Miedo o precaución? La delegación de EE. UU. tiró a la basura todos los regalos chinos antes de subir al Air Force One
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La escena ocurrió en plena pista y a la vista de las cámaras, dejando una de las imágenes más comentadas de la diplomacia reciente. Antes de abordar el Air Force One para regresar de Pekín, el personal de la Casa Blanca, los periodistas del pool, los CEOs estadounidenses y la propia delegación oficial dejaron caer dentro de un contenedor todo lo que las autoridades chinas les habían entregado durante su estancia: desde credenciales y pines hasta insignias, teléfonos desechables y cualquier recuerdo conmemorativo. La tajante acción evidenció el nivel de desconfianza tecnológica que domina las relaciones entre ambas superpotencias.

Emily Goodin, corresponsal de la Casa Blanca para el New York Post, fue testigo directa del suceso y lo reportó de inmediato a través de su cuenta en la red social X. "El personal estadounidense tomó todo lo que entregaron los funcionarios chinos, credenciales, teléfonos desechables, pines, y lo tiraron en un bote al pie de las escaleras del Air Force One. Nada de China se permite en el avión", detalló la periodista, confirmando la rigidez del protocolo de seguridad.

Un protocolo de contrainteligencia a la vista del mundo

Esta drástica medida no fue una improvisación del momento. El expresidente Trump y su equipo viajaron desde el primer momento sin sus dispositivos electrónicos personales, utilizando exclusivamente teléfonos "burner" (desechables) durante toda su estancia en el país asiático. Mientras tanto, sus aparatos privados permanecieron resguardados a bordo del avión presidencial dentro de bolsas de Faraday, diseñadas específicamente para bloquear cualquier tipo de señal o intento de rastreo remoto. El protocolo fue tan estricto que figuras empresariales de alto perfil como Tim Cook (Apple) y Jensen Huang (Nvidia), quienes formaban parte de la comitiva, tuvieron que acatar las mismas normas.

La razón detrás de este proceder responde a un manual básico de contrainteligencia: el temor fundado a que cualquier aparato electrónico, credencial o suvenir entregado por el país anfitrión contenga malware, microchips de rastreo o sofisticados dispositivos de escucha pasiva. Aunque este riguroso procedimiento ha sido aplicado de forma discreta por funcionarios estadounidenses durante años en sus visitas tanto a China como a Rusia, lo que rompió la norma en esta ocasión fue la exposición pública, ya que el momento fue fotografiado y difundido masivamente en las redes sociales, transformando una rutina de seguridad secreta en un mensaje geopolítico contundente.

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