NO ES BROMA: Trump pide que le abran el estrecho... y quiere que lo llamen "el Estrecho de Trump"
hace 3 semanas

El presidente de EE.UU. exige la reapertura de Ormuz mientras negocia bajo amenazas y renombra la crisis geopolítica con su propio sello personal
Suena a chiste, pero no lo es. Hoy en la cumbre FII Priority en Miami Beach, Donald Trump exigió a Irán reabrir el estrecho de Ormuz, la ruta por donde circula una quinta parte del petróleo mundial. Pero lo que llamó la atención fue cómo lo dijo:
"Tienen que abrir el estrecho de Trump. Quiero decir, de Ormuz. Discúlpenme, lo siento mucho. Qué error tan terrible".
Cuando el público rió, Trump aclaró que no fue accidental: "Las noticias falsas dirán que lo dije por error. Conmigo no hay accidentes". Y según el New York Post, no es solo un chiste: Trump estaría considerando tomar control del estrecho y renombrarlo con su nombre o llamarlo "estrecho de América", tal como hizo con el Golfo de México.
El juego de siempre: amenazas, plazos y relatos
El contexto es serio, aunque el presidente estadounidense parezca tratarlo como un capítulo más de su reality show geopolítico. Trump dio a Irán un ultimátum de 48 horas el domingo pasado para reabrir el estrecho o enfrentar la destrucción de sus plantas de energía. Después lo extendió cinco días, y ayer lo pospuso nuevamente hasta el 6 de abril.
Irán mantiene el paso prácticamente bloqueado: ha colocado al menos una docena de minas submarinas y prohibido el tránsito a barcos vinculados con sus adversarios. La respuesta iraní no ha sido otra que la firmeza: el estrecho, según Teherán, es parte de su soberanía y no se negocia bajo amenazas.
El impacto ya es real. Los volúmenes de carga en el puerto principal de Irak cayeron un 50%. Irán solo permite paso a países "amigos" como China, Rusia e India. El comercio global siente la presión mientras el presidente estadounidense juega al "nombre propio" con una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta.
Negociaciones que no existen
Aunque Trump aseguró que las negociaciones con Irán "van muy bien", Teherán niega estar en conversaciones directas. Irán envió su respuesta a la propuesta de 15 puntos de EE.UU. a través de intermediarios, exigiendo tres condiciones que Washington parece ignorar:
- El fin inmediato de los ataques contra su territorio e infraestructura.
- Reparaciones de guerra por los daños causados durante más de un mes de agresiones.
- El reconocimiento de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz.
Ninguna de estas exigencias ha sido aceptada por la administración Trump, que insiste en presentar la crisis como un mero "problema de apertura comercial" mientras sus buques de guerra patrullan la zona y sus aliados en la región mantienen la presión militar.
Un conflicto con nombre de marca
Mientras el mundo espera un acuerdo que ponga fin a más de un mes de guerra, con cientos de muertos y una crisis humanitaria que se agrava, Trump ya le puso su nombre a la crisis. Literalmente.
La propuesta de renombrar el estrecho de Ormuz como "estrecho de Trump" o "estrecho de América" no es un desliz. Es parte de una estrategia de personalización del poder que ha caracterizado su mandato: lo que no puede resolver con política exterior, lo convierte en marca. Lo hizo con el Golfo de México (ahora "Golfo de América") y ahora intenta hacerlo con una de las vías navegables más importantes del mundo.
Pero mientras Trump se divierte rebautizando geografías, los precios del petróleo siguen altos, las economías dependientes del crudo sufren y la población civil en Irán y la región paga el costo de una guerra que nadie pidió.
La soberanía no es un chiste
Irán ha dejado claro que el estrecho no se negocia con ultimátums ni ocurrencias publicitarias. La respuesta iraní a la "oferta" estadounidense fue contundente: sin el fin de los ataques, sin reparaciones y sin respeto a su soberanía, no hay diálogo posible.
Y mientras tanto, el gobierno de Trump extiende plazos, lanza ocurrencias y renombra crisis como si fueran propiedades inmobiliarias. Pero el mundo no es una torre de lujo en la Quinta Avenida. El estrecho de Ormuz no es un campo de golf. Y la guerra no es un reality show.
La soberanía de las naciones no se subasta al mejor postor ni se renombra con caprichos presidenciales. Mientras Trump busca dejar su firma en el mapa, los cuerpos siguen cayendo en Irán, los barcos no pueden navegar y el mundo entero espera que alguien, en algún momento, decida tomarse la paz en serio.
La izquierda lo dice claro
Desde una perspectiva de izquierda, la postura de Trump es la misma de siempre: arrogancia imperialista, desprecio por el derecho internacional y una obsesión narcisista por dejar su nombre en todo lo que toca. Mientras Washington amenaza, bloquea y bombardea, la soberanía de los pueblos se convierte en moneda de cambio para alimentar el ego de un presidente que confunde la política exterior con una extensión de su propia marca.
El estrecho de Ormuz no es de Trump. No es de Estados Unidos. Es una ruta marítima internacional cuya soberanía pertenece a Irán, y su uso debe regirse por el derecho internacional, no por ultimátums ni ocurrencias publicitarias.
China, Rusia y la comunidad internacional han llamado al diálogo. Irán ha dejado clara su disposición a negociar, pero no bajo amenazas. El mundo espera. Y mientras tanto, Trump insiste en ponerle su nombre a la crisis, como si eso fuera suficiente para ocultar el desastre que ha dejado a su paso.
El fabricante israelí de pesticidas ADAMA confirmó que su planta de Makhteshim fue alcanzada por un proyectil
El fabricante israelí de pesticidas ADAMA informó que su planta de Makhteshim, en el sur de Israel, fue alcanzada por un misil iraní. Vídeos e imágenes del lugar de los hechos, difundidos por los bomberos, mostraban una gran bola de fuego y una densa columna de humo negro mientras los bomberos trabajaban para evitar que el incendio se propagara. Los servicios de emergencia israelíes informaron que un colono israelí resultó herido en el ataque. Las autoridades israelíes pidieron a los residentes que permanecieran en sus casas, ya que la planta afectada contiene materiales peligrosos.
Además, se reporta que la refinería de petróleo de Haifa ha sido atacada por segunda vez desde el inicio de la guerra. El ataque con misiles iraní se produjo en un contexto de crecientes ataques deliberados de Estados Unidos e Israel contra zonas industriales e infraestructuras energéticas de Irán. En los últimos días, instalaciones nucleares, plantas, complejos industriales, universidades e infraestructura civil iraníes han sido atacados constantemente por la coalición agresora.
Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra no provocada el 28 de febrero, mientras aún se llevaban a cabo negociaciones entre Teherán y Washington sobre el programa nuclear iraní. Irán ha respondido atacando objetivos estadounidenses e israelíes en toda la región.
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