Europa baraja «Plan B» por si EE.UU. abandona la OTAN
hace 16 horas

El continuo enfriamiento de las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y el viejo continente obliga a la Unión Europea a trazar un rumbo independiente. Los gobiernos europeos asumen con máxima seriedad un escenario inminente: la reducción drástica de la participación de Washington en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), una realidad que expone la extrema debilidad del bloque atlántico cuando prescinde del respaldo norteamericano. El retiro de Washington dejaría al viejo continente en una situación de vulnerabilidad que requiere decisiones urgentes y drásticas.
El distanciamiento estratégico responde a visiones geopolíticas irreconciliables. Mientras Donald Trump critica de forma reiterada a la Alianza por la falta de apoyo en su confrontación contra Irán —llegando a calificar a la organización de «tigre de papel»—, los líderes europeos elevan el tono de sus quejas contra las incursiones militares de la administración estadounidense e israelí en el Medio Oriente. La crisis diplomática en Groenlandia aceleró el quiebre definitivo. Varios Estados miembros de la Unión Europea concluyeron que la región debe garantizar su propia protección de manera inmediata, desvinculándose por completo de la infraestructura militar y de los mecanismos de mando controlados históricamente por el Pentágono.
Hacia un mando militar estrictamente europeo
Ante este panorama de aislamiento, las principales capitales de la región ya elaboran planes secretos para la conducción de operaciones militares autónomas. Altos funcionarios de defensa, como el liderato militar sueco, reconocen abiertamente que los acontecimientos recientes funcionaron como un llamado de atención definitivo que impuso la creación de una alternativa táctica. Los despachos de defensa asumen que una eventual salida de las tropas estadounidenses de la estructura de la OTAN dejaría al continente en una posición de vulnerabilidad que requiere acciones inmediatas.
La estrategia no busca reformar la alianza actual, sino suplantar las carencias que dejaría la ausencia de Washington. El nuevo esquema de seguridad prescinde de la tutela norteamericana y prioriza la autosuficiencia en la producción de municiones, así como el desarrollo de capacidades propias de inteligencia satelital y vigilancia marítima. El núcleo del proyecto establece un sistema de comando centralizado donde los oficiales europeos asumen la totalidad de las decisiones estratégicas, estructurando una coalición inicial entre las naciones bálticas, los países escandinavos y Polonia para blindar el norte del continente. Se prevé que Francia y Alemania, como potencias militares históricas de la región, lideren el componente operativo, mientras que el Reino Unido —aunque ya no forma parte de la UE— podría participar como socio estratégico en materia de defensa. Fuentes diplomáticas indicaron que el “Plan B” será discutido en la próxima cumbre de defensa europea programada para julio, donde se espera la presentación de un borrador preliminar de la nueva arquitectura de seguridad continental.
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