Hasta doce horas de oscuridad crisis eléctrica se agrava pese a promesas de inversiones
hace 2 horas

Los apagones prolongados y sin previo aviso devuelven a Venezuela a una crisis eléctrica crónica que vulnera la salud, paraliza la economía doméstica y transforma la cotidianidad en una prueba de supervivencia extrema bajo el calor sofocante. Lo que en otras latitudes se catalogaría como un apagón extraordinario, en territorio venezolano se ha normalizado como una rutina de desgaste, un recordatorio constante de que los servicios públicos fundamentales continúan pendiendo de un hilo. Las promesas de modernización y las expectativas de nuevas inversiones chocan de frente con una realidad incuestionable: los transformadores siguen colapsando, las líneas de transmisión ceden y los cronogramas oficiales de racionamiento brillan por su ausencia.
El calvario doméstico sobrevivir entre la parálisis y el calor
En el sector Santa Clara, al norte de Maracaibo, Elianne Flores encarna la desesperanza de millones. Las altas temperaturas nocturnas convierten las viviendas en hornos insoportables, obligándola a buscar un soplo de aire durmiendo en un colchón junto a la puerta de entrada. Dentro de la casa, su esposo permanece confinado a una cama tras sufrir un accidente cerebrovascular, una condición agravada por la diabetes. El colapso del transformador dejó sin corriente el refrigerador indispensable para conservar la insulina, obligando a la familia a tender una extensión eléctrica hacia la casa de un vecino. "Como no hay electricidad, tenemos que sacar con un balde el agua del tanque y con un potecito bañar a mi esposo", relata Elianne, describiendo una dinámica donde la linterna y el esfuerzo físico extremo son los únicos instrumentos para paliar la precariedad.
Una crisis sin tregua geográfica ni sectorial
El colapso eléctrico no discrimina regiones. En la capital del estado Falcón, el arzobispo de Coro, Víctor Hugo Basabe, denunció públicamente la interrupción abrupta del servicio en plena jornada laboral, castigando a la ciudadanía bajo el rigor de las altas temperaturas costeras. "No tenemos tregua los venezolanos a ninguna hora ni ningún día", sentenció el prelado, evidenciando el agotamiento colectivo. La intermitencia crónica trasciende la incomodidad residencial para rozar sectores estratégicos como la industria petrolera, que demanda cantidades masivas de energía para accionar taladros y sistemas de bombeo, dependiendo hoy de esquemas de autogeneración para evitar el colapso total de los pozos.
Frente a la presión ciudadana, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, atribuyó los cortes al fenómeno climático El Niño, las sanciones internacionales y un presunto sabotaje. Sin embargo, para la ciudadanía, adjudicar la responsabilidad exclusiva a terceros resulta inaceptable tras década y media de denuncias sobre falta de mantenimiento, desinversión y corrupción. La crisis eléctrica exige mucho más que explicaciones coyunturales; demanda un compromiso técnico real que devuelva la luz a un país sumido, demasiado a menudo, en la más absoluta oscuridad.
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